Dos Polos en la Falta de Innovación

En este artículo exponemos como la sociedad logra justificar la falta de acción innovadora durante tiempos de bonanza o durante una crisis. El propósito es el de cuestionar nuestra actitud ante el cambio e identificar los motivos que nos llevan a resistirlo. Septiembre del año 2008, el mundo sigue sumido en una profunda crisis económica, en muchos aspectos sin precedentes. En parte, hay causas claramente visibles para los síntomas más evidentes, pero también hay causas arraigadas en lo más profundo de nuestra naturaleza humana. Esta vez, les invito a que evalúen estos aspectos comenzando por dos polos de la falta de acción que hemos identificado. Por favor envíen vuestros comentarios.

Uno de los polos es el de la bonanza y el polo opuesto es el de la crisis. Durante la bonanza la ceguera que paraliza nuestra intención de innovar es la dada por la ilusión de que todo seguirá igual y que por ende no hay nada que cambiar. Lo sorprendente es que el ser humano ha pasado por innumerables ciclos de progreso y de decadencia, pero no los acabamos de comprender. Cuando estamos sobre la cresta de la ola no parece que se vaya a acabar, "es que esta vez es distinto..." Yo vivía en Miami, USA durante la burbuja tecnológica del Internet a finales de los 90s. Solo oíamos que era el comienzo de una "nueva economía", la cual se regía por reglas distintas a las hasta ahora conocidas. Al terminar la ilusión del Internet de forma estrepitosa, nos refugiamos de nuevo en el mundo de lo tangible (lo inmobiliario), lo que llamabamos el "brick and mortar" y súbitamente todo lo que fuese razonable e inteligente tenía que ser "brick and mortar", como una estampida corrimos a engordar esa vaca. Ahora vemos como tanto lo inmobiliario como lo virtual no están inmunes a nuestras propias carencias como seres humanos. En el polo de la bonanza nubla la ambición y el facilísmo de ganar dinero sin importar la sostenibilidad y continuidad de un modelo.

Después viene la crisis. El otro polo que parecía improbable, del que nadie quiere hablar y para el cual poca gente sabe prepararse. Los que hablaban con escepticismo de modelo de Internet en el año 1998 eran tildados de anticuados y retrógrados, prácticamente de dinosaurios. Naturalmente, pocos querían ser conocidos por ser anacrónicos ante la nueva era del Internet. No había virtud alguna en denunciar lo insustancial de un modelo cuando mes a mes solo oías de nuevos jóvenes millonarios sin cesar, ¿Acaso estás sordo y ciego?. Los pocos que no se dejaron seducir solo recibieron la gloria cuando la fiesta se había acabado, que es naturalmente cuando sale todo el mundo a decir que "se venía venir." Es como el pintor que al hacerse famoso póstumamente le salen todo tipo de imitadores. Sin embargo, los que no se dejaron seducir, puede que tengan más fuelle para resistir el embate de la crisis, pero al mismo tiempo, es inevitable que tengan que pagar por los platos rotos de otros. Esto desanima la responsabilidad y solo motiva a que sigamos siendo ciegos aún ante la evidencia irrefutable de que nos iremos a pique en algún momento. Cuando estamos en el polo de la crisis nos nubla el miedo y la desconfianza. Hay una espesa negatividad en el ambiente, un sombrío, "no" implícito en todo, una ansiedad por la incertidumbre del mañana y por la supervivencia.

Lo que propongo es que el polo de la bonanza no es tan maravilloso y el polo de la crisis tampoco es tan penoso. Hay razones para la precaución y también para la esperanza en ambos polos. Pero ante todo, tenemos que tener una actitud menos vulnerable a las emociones colectivas y centrarnos más en la acción coherente y consistente en todo momento. En la crisis y en la bonanza la supervivencia y la expansión requieren del desarrollo de la cultura innovadora como una de las principales prioridades. La razón es porque toda bonanza es caldo de cultivo para la siguiente crisis y toda crisis es caldo de cultivo para la siguiente bonanza y lo que motiva este interminable y constante ciclo es la innovación. La diferencia es que la innovación puede suscitarse por el genio que nace de la necesidad imperiosa de sobrevivir, o por la visión calculadora y menos traumática del que realmente tiene la innovación y la auto reinvención en sus venas.

Enfatizo así que el epicentro de una transformación en crisis o en bonanza está en la actitud de cada persona y del equipo. Si la cultura de la empresa es coherente y consistente con un propósito claro, tendrás la visión colectiva, la flexibilidad, y la capacidad de ejecución para crear y realizar la visión que permita una transformación sostenible y continua. Sino, simplemente seguirán siendo reactivos a lo que venga, como una veleta sin rumbo. ¿En cuál bando quieren estar?